La acumulación de cal en la cafetera provoca tiempos de preparación más prolongados y una peor transferencia de calor. Esto suele ir acompañado de una menor dispensación de agua, lo que en conjunto resulta en una menor calidad y un sabor alterado del café.
Con el tiempo, la cal se acumula en la máquina y puede llegar a obstruir los conductos. Además, favorece la corrosión de los materiales de la cafetera. Ambos factores pueden dañarla.
La acumulación de cal incrementa el consumo energético de la cafetera y, por lo tanto, es perjudicial para el medio ambiente.